sábado, 7 de marzo de 2009

Roberto Ampuero en versión nerudiana


Entrevista realizada por Jorge Queirolo Bravo

Nadie podría discutir que Roberto Ampuero es un escritor exitoso, no solamente dentro de su propio país, Chile, sino también en América del Norte y Europa. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas, editadas en bastantes países y se venden masivamente, pese a la piratería ilegal que continuamente las afecta. Aunque Roberto ha sido un escritor prolífico y con una obra muy diversa, en la que incluso existen cuentos para niños y ensayos, su sello más conocido, y que lo caracteriza en lo literario, es el detective cubano Cayetano Brulé, un sencillo personaje de ficción que de inmediato despierta la simpatía del lector. Lo que nadie habría imaginado, es que a Roberto se iba a ocurrir vincular, en una de sus novelas, a Cayetano Brulé con Pablo Neruda, el vate y Premio Nobel de Literatura chileno. Fue algo inesperado y, pese a eso, la fórmula dio de inmediato resultado y gustó. En esta entrevista Roberto explica el porqué, el origen, de dicha creatividad y la desmenuza, dando muchos detalles desconocidos y altamente interesantes. También aclara varios conceptos relacionados con el mundo del libro en Chile. Es posible que algunas de sus declaraciones sean algo polémicas y levanten una intensa polvareda, pero indiscutiblemente sacudirán con intensidad el algo alicaído sector del libro en Chile. ¿No es eso lo que justamente hace falta?

JQB: ¿Qué fue lo que te llevó a enlazar el comienzo de Cayetano Brulé como detective, todavía inédito en tus libros, con los últimos días de Pablo Neruda?

RA: Algo sencillo: me di cuenta que coincidían en la “historia real” la coexistencia en Valparaíso del Nobel y de Cayetano. Pero lo central fue que sentí que Neruda murió con un caso de su vida que anheló investigar, y que Cayetano estaba allí, a unas cuadras de La Sebastiana, listo para que el poeta lo formara como investigador y le encargase su primer caso.

JQB: ¿Le queda mucha vida a Cayetano Brulé como detective de ficción en tu obra?

RA: ¿Cuánto vivirá Cayetano? Eso dependerá de los lectores de futuras generaciones. Son los lectores quienes dan vida a los personajes que uno crea. ¿Cuántas nuevas novelas escribiré con Cayetano de detective? Eso dependerá de mi salud y entusiasmo. Es probable que cuando yo ya no tenga deseos de escribir no tenga ya deseos de vivir. Lo ideal es que el escritor que uno lleva dentro y la persona mueran juntos, pero nunca que el escritor muera primero.

JQB: En “El caso Neruda” cuentas pasajes de la vida de Pablo Neruda que no dejan muy bien parado a este personaje. Si bien no dudo de la veracidad de lo narrado, sería interesante saber cuál es tu pensamiento frente a estos hechos. ¿Crees que su actuación en relación con lo que pasó con su hija fue digna de un hombre malvado?

RA: Mi novela no condena ni hace apología del Nobel. Simplemente lo retrata como fue, como un gran poeta lleno de contradicciones, de lados de luz y de sombra. Neruda fue como todos nosotros. No fue un santo ni tampoco un malvado. Quien esté libre de pecado que lance el primer peñascazo…

JQB: Que Cayetano Brulé haya terminado trabajando para Neruda, ¿no es una forma sutil de expresar cierta admiración por este personaje?

RA: Admiro a Neruda, su poesía, su creatividad sin límite, su talento para ser poeta y político, su influencia social, su pragmatismo y su capacidad para convertirse en un símbolo poético y político, aunque éste no creía mucho en lo que postulaba como política. Entre Moscú y París, se quedaba con París. Entre Bucarest y Roma, prefería Roma. Neruda era como el gran Bertold Brecht, que era militante comunista, luchó contra el fascismo y vivía en Berlín Oriental, pero tenía pasaporte austriaco y cuenta bancaria en Suiza.

JQB: ¿Qué hay de cierto en que Neruda apoyó al gobierno de Fulgencio Batista antes de la Revolución Cubana? ¿Es posible que eso haya alimentado cierta animosidad de Fidel Castro en contra del vate?

RA: Eso es parte de la historia real. Neruda, como buen comunista, respaldó en los años treinta y cuarenta los frentes populares con todos los antifascistas. En Cuba eso implicó apoyar a Batista cuando estuvo en el poder antes de su gobierno de 1952 a 1959. Lo apoyó el Partido Comunista cubano, y obviamente Neruda secundó a sus camaradas. Fidel Castro nunca perdonó del todo ese apoyo del Partido Comunista cubano ni de Neruda. Bien vale recordar que el día en que Castro vence a Batista, el diario oficial comunista cubano describe al comandante en primera página como “aventurero” de izquierda.

JQB: ¿Existe la posibilidad de que los nerudianos se enfaden contigo, al no estar de acuerdo con ciertos párrafos de tu último libro?

RA: Todos estamos convencidos de que al final tiramos del mismo lado en esto. Mi novela despierta interés adicional en el poeta y la historia reciente de Chile. Lo veo por la reacción de los lectores a través de mi página en Facebook. Además, Neruda no fue ni quiso ser un santo.

JQB: ¿Te viste en la necesidad de documentarte mucho para escribir “El caso Neruda”? Te lo pregunto porque, al recorrer las páginas del libro, causas esa impresión. Hay muchos detalles de la vida de Neruda.

RA: Leí mucho sobre él, de él y visité sus casas. En ellas estaba la clave para alcanzar el tono de mi Neruda en la novela.

JQB: ¿Ocupa la ciudad de Valparaíso un lugar especial en tu obra literaria? Da la impresión de que a través de Cayetano Brulé aprovechas de promover una imagen positiva y romántica de esta urbe.

RA: Una cosa son las ciudades reales, otra las ciudades que crean la literatura y el cine. ¿Cuántos que nunca han estado en Nueva York, conocen esa ciudad por las novelas y las películas? ¿Cuántos se han hecho una imagen de Miami a través de Miami Vice? El Valparaíso de mis novelas no es una descripción naturalista de la ciudad, pero en mis libros la urbe vibra, palpita y embruja. Valparaíso embruja en la realidad, ¿o no?

JQB: ¿Podría un detective profesional proveniente del primer mundo trabajar exitosamente en Latinoamérica, tal como lo hace Cayetano Brulé? En “El caso Neruda” insinúas que no.

RA: Claro que no podría. ¿Te imaginas a Hércules Poirot, a Sam Spade o a James Bond en Valparaíso? Los morderían los perros de la calle, les robarían la billetera en la micro y las escaleras les causarían taquicardia. América Latina necesita, como dice la novela, detectives que sepan a empanada y vino tinto, a frijoles y ron, a tamales y tequila, lo demás son cuentos, literatura para colonizados culturales.

JQB: ¿Tus libros contienen también elementos autobiográficos? ¿O es todo producto de la ficción?

RA: Mis libros se alimentan de mi fantasía, mis especulaciones y mi memoria. Pero todo eso conforma una unidad sin deslindes en mi cabeza. Cuando escribo se mezclan esas dimensiones. No es grave ni una deformación de la historia. La historia como disciplina no es lo que efectivamente ocurrió, sino lo que alguien ordena y cuenta como ocurrido. Mis novelas cuentan historias que se equilibran entre la realidad, la fantasía y los recuerdos. Somos lo que recordamos, y la memoria es una gran traidora y una amante placentera.

JQB: ¿Cuál fue el elemento detonante para convertirte en escritor? ¿Qué fue lo que te motivó a dar el primer paso?

RA: La convicción de que la realidad no da abasto para almacenar la vida. La convicción de que nuestra existencia es muy pobre si nos remitimos a lo que efectivamente nos sucedió, que la vida es también la suma de todas las posibilidades de que las cosas hayan ocurrido de otra forma.

JQB: ¿Cuál es tu visión actual sobre el Premio Nacional de Literatura de Chile? ¿Consideras que se entrega con justicia? ¿Debería anualizarse o está bien que siga siendo cada dos años?

RA: Creo que hay mucha política y cálculos extraliterarios a la hora de definir el Premio Nacional de Literatura de Chile. Pero no es algo que me preocupe. Para mí el verdadero reconocimiento nacional es el que entregan los lectores cuando escogen en masa tus novelas.

JQB: El Premio Nacional de Literatura de Chile se ha venido entregando cada dos años, instancia en la que lo recibe alternadamente un poeta o un prosista, por turnos. Esto significa, en la práctica, que el premio recae cada cuatro años en un prosista, siendo que prácticamente se trata del único género que realmente se lee y tiene futuro en el precario ámbito literario de Chile. ¿Te parece correcto este proceder en cuanto a la entrega del Premio Nacional de Literatura? ¿Tiene sentido, si consideramos que casi nadie lee poesía hoy en día?

RA: El Premio Nacional de Literatura debería entregarse anualmente. No cambiará nada en lo concerniente a los criterios que se emplean, pero al menos se discutiría más de literatura cada año.

JQB: Es un hecho que Chile es un país en el que se lee muy poco, casi nada. ¿Crees que el maletín literario, iniciativa auspiciada por el actual gobierno, contribuirá a cambiar esta triste realidad literaria?

RA: Yo no me quejo. EL CASO NERUDA, mi última novela, ha vendido en Chile 20.000 ejemplares, eso a pesar de que está pirateada desde el cuarto día de su aparición. Todas mis novelas han tenido una gran acogida en Chile y todas están pirateadas. Eso me indica que mi literatura sigue vigente, a pesar de que aparecí por primera vez en Chile hace más de 15 años.

JQB: ¿Tienes algún planteamiento más interesante que los presentados por el gobierno actual para fomentar la cultura y la literatura en Chile?

RA: Denle cupones a la gente para que compre los libros que quiera y donde quiera. Eso es preferible a que tengan que leer lo que una comisión decide que ellos deben leer. En política esa práctica del maletín equivaldría a una dictadura. ¿Por qué la gente tiene derecho a escoger el presidente de la república, los senadores y diputados, pero no lo que desea leer?

JQB: ¿Te consideras ninguneado por las esferas oficiales de Chile, las que aparentemente ignoran tu existencia?

RA: En Chile mis novelas han vendido más de 200.000 copias, sin contar con que todas están pirateadas, además están traducidas a una docena de idiomas y circulan en tres continentes. No hay muchos escritores chilenos que puedan llenar el teatro de la Estación Mapocho cuando se presentan. Es cierto, en 19 años de gobiernos de la Concertación jamás he sido invitado a actividad oficial alguna, en Chile o el extranjero, a pesar del éxito de mis novelas y de que fui opositor a la dictadura de Pinochet. No pertenezco a la cultura oficial, desde luego, pero soy un escritor leído masivamente y con lectores fieles, que han convertido mis novelas en parte de la cultura nacional. En un año más nadie se acordará de los burócratas de la cultura oficial, pero mis novelas seguirán siendo leídas y, desgraciadamente, pirateadas.

JQB: ¿Cuál es la imagen que prevalece en Iowa y en los Estados Unidos con respecto a la literatura chilena y latinoamericana? ¿Es apreciada o solamente se la ve como un elemento exótico y ocasional?

RA: Sólo el 3% de los libros publicados en los Estados Unidos son traducciones, así que puedes imaginarte el peso de la literatura no escrita en inglés que circula aquí. Hay también editoriales universitarias y alternativas que promueven la literatura de otros países, pero su nivel de difusión es mínimo y circunscrito a estudiantes y estudiosos. De los escritores chilenos los libros disponibles en inglés en casi todas las librerías son, desde luego, los de Isabel Allende, Roberto Bolaño, Pablo Neruda e “Il Postino”, de Antonio Skármeta. Como Chile no tiene problemas políticos ni económicos, ni guerrillas, ni dictadura, ni revoluciones, carece de imagen en los Estados Unidos. En el fondo, para muchos estadounidenses somos una zona desde donde envían excelentes vinos, frutas y (ya no tan buenos) salmones, que puede estar en alguna zona de las Américas o de México.

JQB: ¿Es posible conocer algo de tu próxima obra?

RA: Es una novela que pertenece al ciclo de LOS AMANTES DE ESTOCOLMO.

© Jorge Queirolo Bravo

miércoles, 7 de enero de 2009

Marisol Ortiz Elfeldt, una reñaquina que se toma en serio lo de escribir


Entrevista realizada por Jorge Queirolo Bravo

Marisol Ortiz Elfeldt es, sin lugar a dudas, una mujer multifacética. No solamente ha sido la gestora y directora de la Galería Arte Reñaca, sino que también ha incursionado exitosamente en el periodismo, área en la cual recientemente fue nombrada como la editora jefe de Tell Magazine, la principal revista de la Quinta Región en Chile. Titulada de pedagogía en inglés en la Universidad de Chile, realizó también estudios de magíster en comunicación social en la Escuela de Periodismo de la misma universidad. Su paso por la Universidad Tecnológica Metropolitana es recordado por sus alumnos como el de una académica muy original, cuyas cátedras solían ser a veces distintas de lo que se acostumbra en un centro de educación superior, sin desmerecer por eso la alta calidad de su enseñanza. Lo interesante es que Marisol también escribe y lo hace bien, con un estilo que agrada y es liviano a la vez. Por eso hemos considerado prioritario conversar con ella, para enterarnos de los escritos que produce en su reducto de Reñaca, Chile.

JQB: ¿Cuál es tu estilo cuando escribes?

MOE: Escribo imaginando los personajes y lo que éstos sienten, viviendo cada una de las situaciones que invento, por lo que la historia en el fondo pasa a través de mí, antes de ser plasmada en palabras. Me valgo mucho de la prosa poética y mis cuentos e historias tienden a tener mucho de poesía. En una línea puedo expresar mucho en poco espacio, como también puedo ser excesivamente descriptiva, pero siempre el contenido es interesante para el lector.

JQB: ¿Existe algún autor que te haya influenciado decisivamente en cuanto a tu forma o estilo de escribir?

MOE: Me voy influenciando en la medida en que leo a ciertos autores, por ejemplo la escritora chilena Andrea Maturana, de cuyos escritos rescato lo intimista y la sensualidad que ella tiene para escribir. José Saramago es otro de los que dejan algo en mí, como por ejemplo su flujo de conciencia.

JQB: ¿Por qué escribes? ¿Existe algo que te motive a hacerlo?

MOE: Siempre he escrito. Cuando fui pequeña escribía en mi diario de vida y cartas en las que contaba muchas cosas. No nos olvidemos que en esa época viajaba mucho y aún no existía el correo electrónico. La única forma de mantener informada a la familia y a los amigos era mediante esta correspondencia epistolar, la que siempre fue considerada como muy entretenida por los receptores. Ya en la adolescencia lo hice en forma de poemas y letras de canciones, que componía en mi guitarra y en la universidad comencé a crear cuentos e historias.

JQB: ¿Te sientes realizada con lo que haces en el campo literario?

MOE: En algunos ámbitos, sí. Pienso que todavía me falta algo que estoy por encontrar.

JQB: ¿Cuáles son tus proyectos literarios? ¿Estás por editar algún libro?

MOE: Sí, próximamente tengo proyectada la publicación de mi primer libro de historias cortas.

JQB: ¿Cuál ha sido la reacción de aquellas personas que han tenido la oportunidad de leerte?

MOE: Me han dicho que he sido capaz de transportarlas hacia el interior de la historia. Les gusta el estilo sencillo y de fácil lectura, así como también las temáticas. Lo otro que me dicen es que tengo una buena capacidad de síntesis.

JQB: ¿Cómo es eso de las temáticas? ¿Cuáles son éstas?

MOE: Mis temas orbitan principalmente alrededor de los sentimientos y las sensaciones de la mujer, las que pueden ser de amor, soledad, tristeza, pérdidas, vida cotidiana. Es el tratamiento de la temática y su cercanía con la realidad la que hace que el lector se identifique con la historia contada.

JQB: Tu literatura tiene entonces un sesgo más bien feminista. ¿Estoy en lo correcto?

MOE: No me gusta la distinción de literatura feminista o femenina porque tampoco existe la literatura machista o masculina. Diría que cada autor escribe sobre lo que sabe o lo que lo inspira, independiente de su género.

JQB: ¿Qué es lo que te inspira a ti en particular?

MOE: La vida simplemente. Nosotros somos los personajes de este gran teatro.

JQB: Cuando escribes, ¿te autocensuras o eres de aquellas escritoras que no tienen pelos en la lengua y simplemente ponen lo que les viene a la imaginación?

MOE: Ja, ja, ja. Creo que tengo de las dos cosas, pero hay autocensura también. Creo que va por allí lo que te dije anteriormente, que me falta algo que está por venir y tiene que ver con darme la libertad de escribir lo que quiera.

JQB: ¿Cómo ves la literatura chilena en la actualidad?

MOE: Productiva, con muchos autores jóvenes, con mucho interés en publicar libros de parte de éstos y haciéndolo por diferentes medios, ya que no siempre las editoriales están llanas a recibir nuevos valores.

JQB: ¿A qué te refieres con eso de que las editoriales no tienen mucho interés en los escritores nuevos o emergentes? ¿No forma eso parte de su trabajo?

MOE: Me refiero a que no es fácil que una editorial de renombre se interese por publicar manuscritos de escritores no conocidos, a menos que sean de corte totalmente comercial y exitistas de manera instantánea. A veces pesa más el nombre del autor y el tema, que la calidad de lo que se escribió.

JQB: Como lectora, ¿qué es lo que prefieres?

MOE: Leo casi de todo. Desde las aventuras de Ásterix y Óbelix, hasta “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset, pasando por novelas, cuentos, biografías, viajes, historia novelada, ciencia ficción, ensayos y, por supuesto, la prensa.

JQB: Siendo que escribes cuento, ¿cuáles cuentistas te gustan o impresionan más?

MOE: Cortázar, de todas maneras. O. Henry es otro de mis preferidos junto con Guy de Maupassant. Y no dejemos de nombrar, porque también hay que tener la fantasía presente, a Hans Christian Andersen y Perrault. En ciencia ficción están Julio Verne y Ray Bradbury.

© Jorge Queirolo Bravo